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SKILTRON en vivo en Buenos Aires: “Con las polleras bien puestas”

Con las polleras bien puestas

Como si el clima de Buenos Aires se esmerara en emular a las islas Británicas, el viernes que daba comienzo a julio dejó caer agua todo el día. La lluvia ayudaba a crear una atmósfera ideal para que SKILTRON hiciera el segundo acto de visita a Buenos Aires. “¿Visita?”. Sí, por más que se trate de una banda argentina, la realidad marca que los muchachos liderados por Emilio Souto son una banda más europea que Argentina. Y leyendo esta crónica les diré por qué.

Razón#1: tal como se acostumbra en Europa con los aniversarios de discos legendarios, SKILTRON decidió hacer un “festejo” por los 10 años de aquel The Clans Have United, disco que nos sopapeó en la cara confirmando que este tipo de música podía hacerse en nuestro país. Este tipo de eventos especiales es algo bastante común en el viejo continente, pero en Argentina recién ahora comienza a verse, para alegría nuestra, claro está.

Razón#2: Para la ocasión, el núcleo duro de SKILTRON, leáse Souto más Matías Pena (batería) e Ignacio López (bajo), volvió a subirse al escenario junto a cantante Javier Yuchechen, quien fuera la voz en aquel primer disco de la banda. Durante el show también hubo más invitados, como Alejandro Sganga (estupendo violinista de los estupendos NA FIANNA) y el gaitero Brian Barthe, todos partícipes del álbum que se estaba celebrando. En un país marcado por rivalidades tontas, ver cómo músicos que supieron compartir escenarios puedan juntarse y seguir dando música. Ya sé, difícil que cuando “Beheading The Liars“ cumpla diez años esto se repita, pero vamos paso a paso.

Razón#3: Uniclub queda en el Abasto, sí. SKILTRON no es IRON MAIDEN, por lo que el equipamiento no vino cruzando el Atlántico en el “William Wallace One” (Souto, si algún día tenés un avión ponéle ese nombre, man!!!), sí. De hecho, los músicos mismos son tan argentos como vos o yo, pero sonaron como todos esos monstruos que vamos a ver embelesados porque vienen de afuera. Desde luego, nuestros músicos no tienen nada que envidiar, pero el ensamble que tuvo la banda en todo el show mostró un profesionalismo envidiable. Incluso ante los percances, como cuando el guitarrista invitado Walter Hernández tuvo problemas con su Fender, fueron sacados adelante con una sobriedad y buena onda no muy vistas por estas pampas.

Razón#4: Lo que prometieron, no fue deuda. Se prometió una fiesta, y lo fue. Músicos divirtiéndose en el escenario. Gente haciendo lo mismo abajo. El set-list fue lo que todos imaginábamos, con el “The Clans Have United” tocado enterito. ¿Los bises? Casi todo lo que se podía pedir. El tema homónimo de la banda tuvo la fuerza adecuada a un hit “interno”, “On the Trail of David Ross” lo es todo para mí ya que la pluma de Martin Walkyer (ex vocalista de los pioneros folk SKYCLAD y también por un tiempo de los mismos SKILTRON) metió su magnífica prosa ahí.

Razón#5: Pegadito a lo anterior, la capacidad de sorprender. En un metal argento todavía dificultoso de salirse de ése cascarón tradicionalista y aún no tan amigo de las “sorpresas”, ver cómo alguien se sale del libreto es maravilloso. La inclusión de un tema como “I´m Shipping up to Boston”, el reconocido tema de los DROPKICK MURPHYS gracias a la película “Los Infiltrados” de Martin Scorsese, fue sin duda un as en la manga, una palmadita en la espalda como diciéndote “Dale, andá, bailá sin vergüenza… Esto es folk!!!”. Mirá lo mucho que me gustó que ni siquiera caí en el hecho que eran unos tipos en Kilt tocando una tonada 100% irlandesa. Y de ahí al final, que por ser la esperada “Bagpipes of War” no dejó de sorprender. ¿Por qué? Porque a Javier Yuchechen no se le ocurrió mejor cierre para una espectacular faena (propia y de la banda entera) que cantar la última canción entre la gente. Sí, ahí en medio del pogo. Yo lo ví de lejos, no sea cosa que se me caiga el fernet.

La conclusión, agridulce por cierto, me la respondió el soundtrack de la vuelta, ya que sin querer tenía en el estéreo un compilado de folk-metal. Agridulce digo porque todo ese viaje de vuelta, entre “Eluveities, Ensiferums y Fintrolles”, mastiqué esa rara sensación de tener una banda “nuestra” que está sin dudarlo a la altura de aquellas, pero con la fea realidad de solo poder verla cada un par de años. Pero la vida es así, y hay que bancársela… con las polleras bien puestas!!!

Texto: Rodrigo San Miguel

Fotografía: Maru Debiassi

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