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PARADISE LOST en vivo en Argentina: “Partido, revancha y bueno”
Fecha: Martes 4 de septiembre | Hora: 21.00 hs. | Ciudad: C.A.B.A. | Lugar: Uniclub | Banda soporte: FRATER & NUM

Partido, revancha y bueno

El pasado martes 4 de septiembre, los de Halifax se presentaban por sexta vez en nuestro país y sería la tercera vez que yo los vería. Tuve la suerte de poder verlos aquella primera vez que se presentaron en 1995, en el marco del segundo Monsters Of Rock que se realizaba en el país, para presentar su aclamado “Draconian Times” y, si bien hacía poco los había descubierto fue un show de esos que quedaron en la memoria por siempre, no solo por lo musical sino por el contexto y la época de mi vida en la cual lo viví. Ese fue mi primer partido con los Ingleses. La revancha se daría casi 20 años después, en el 2014, en el Roxy y la sensación fue casi completamente opuesta. Si bien lo disfruté, no solo había ido como seguidor de ellos sino además cómo fotógrafo para Metal-Daze, y con varios años más de experiencia, con lo cual la exigencia era más alta. Un show donde faltó química entre la banda y el público, con un Holmes apagado (más de lo común) y muy quejoso, casi sin interacción con la audiencia y un sonido que no los ayudó en absoluto. Hasta ahora estábamos mano a mano y había que definir; era turno de jugar el bueno.

“From the Gallows”, áspera, corrosiva y densa como es, fue la encargada de correr el telón, mostrando el costado más oscuro y denso de su último trabajo “Medusa”, y quizás hasta de toda esta nueva etapa de la banda que comenzó con su disco homónimo y a partir del cual fueron recuperando su sonido original. Como suele pasar, el sonido estaba muy lejos de ser siquiera aceptable y, lamentablemente, la canción se perdió en una masa de graves y agudos indefinidos. Mi ubicación al fondo del recinto tampoco ayudaba, lo cual hizo que me moviera hacia adelante justo hasta donde termina la barra y la cosa cambió bastante. “Gothic” nos llevó súbitamente al comienzo de todo, al lugar donde la banda, y el género, empezaban a germinar. Lógicamente el contraste fue grande, teniendo en cuenta la carga sinfónica y las voces líricas femeninas que, en aquel entonces, comenzaban a enmarcar toda una movida. “One Second” y “Erased”, dos de las más representativas de la época más experimental y electrónica de la agrupación, continuaron la lista ya con un sonido más logrado y mostrando un agrupación que se sentía a gusto en ese momento y en ese lugar. “Erased” fue, en mi opinión, una de las destacadas de la noche, coreada y bailada por todo el recinto fue el punto de inflexión definitivo en el sonido y la prueba de que las pistas disparadas por Les Smith desde los teclados son más que necesarias y que la banda se ajusta con suma precisión a ellas. Hasta aquí, 20 minutos nos habían paseado por el inicio, la experimentación y la vuelta las raíces, pero nada habíamos oído del sonido más característico de la agrupación y aquel en el que todos reconocemos a PARADISE LOST como amos y señores.

Era entonces el momento ideal para que él único representante del glorioso “Draconian Times” se hiciera presente y esto sucedió de la mano de “Enchantment”, sin lugar a duda uno de los dos momentos más intensos de la noche. Lógicamente que la carga emocional que tuvo esta canción para mí fue grande, puesto que recordé a aquel Holmes de pelo largo en sus veintipico de años y a su compañero de melena llovida, larguísima y oscura como la noche misma, tocando en un Estadio de Ferro atestado de gente. Y contraponiéndolo al show del año 2014, pude ver en la banda el mismo disfrute que había visto en el ’95 donde Mackintosh sentía cada nota y lo demostraba con gestos faciales inconfundibles y Holmes transmitía ese sentimiento melancólico de la canción en cada uno de sus fraseos vocales. “Requiem” fue la bisagra que abrió la puerta para que la pesadez y la oscuridad inundaran el recinto por completo con el trío integrado por “Medusa”, “An Eternity of Lies” y “Faith Divides Us, Death Units Us”. Para ese entonces Mackintosh se erguía solemne como uno de los guitarristas más icónicos del género mostrando como se puede ser pesado y denso, sin perder de vista la melodía y el sentimiento. Si algo destaco de este gigante de las 6 cuerdas es la simpleza. Mientras el metal, en general, se asocia a la velocidad, el frenesí y los solos de viola supersónicos y rápidos, Mackintosh logra oprimirnos el pecho y erizarnos la piel con apenas unas pocas notas, generando melodías realmente entrañables. “Blood and Chaos”, quizás la más rockera de su último trabajo presagió la llegada del clásico obligado “As I Die” que es siempre bien recibida por los seguidores de la banda. Tras un poco de humor de parte de Holmes con las palabras “Esta es una canción que habla acerca de estar muerto… ¿Por qué no los sorprende? ¿acaso es ese un tema recurrente en nosotros?”

“Beneath Broken Earth” nos trajo el doom más arrastrado y denso de la noche. Es innegable, y en este tipo de canciones se nota más, la importancia de los roles de Aaron Aedy y Stephen Edmonson, dando una base sólida y contundente sobre la cual moverse. Y cuando creímos que íbamos a recuperar el aire, que íbamos a tener una bocanada de oxígeno “Embers Fire” arremetió inesperadamente marcando el punto más intenso de la noche trayéndonos aquel inolvidable “Icon” a la vida nuevamente. Y hablando de la simpleza de Mackintosh ¿no es acaso ese inolvidable riff de 5 notas acompañadas del cry baby un ejemplo clarísimo de esto? El recinto se convirtió en un headbanging sincronizado a la perfección durante toda la extensión de la canción, acompañado del canto de todos los que allí nos encontrábamos. Impresionante el trabajo de la sangre joven y la fuerza aportadas por el finlandés Waltteri Väyrynen (batero también de VALLENFYRE), si bien acá no tiene lugar para grandes despliegues de habilidad, la potencia de sus golpes se sentía en cada compás como fuertes mazazos al medio del pecho, acentuando la intensidad de manera inconfundible. Así la banda se retiraría del escenario por un par de minutos antes de volver con los bises que nos traerían nuevamente un rápido recorrido por su historia de la misma manera que lo hicieron los 4 temas de apertura. “No Hope in Sight” y “The Longest Winter”, entre las cuales encuentro cierta similitud en su estructura y melodía, serían las encargadas de despedir al doom más clásico y crudo dejando para el final el ritmo bailable de la canción más representativa de su etapa electrónica. Y así, al son de “Say Just Words”, moviendo troncos, brazos y pies nos despedimos de estos ingleses que sin lugar a duda son los embajadores indiscutidos del gothic doom.

PARADISE LOST ganó el bueno y me devolvió esa sensación de placer al haber presenciado un show en el cual los vi nuevamente encausados en lo que mejor saben hacer y disfrutando del momento. Cuando un músico disfruta lo que toca no hay manera de no darse cuenta. La pasión se transmite inequívocamente al instrumento. El músico se vuelve música; es uno con ella. Y eso es lo que se percibió sobre todo en Holmes y Mackintosh. Una hermosa manera de reencontrarme con una banda única en un momento especial de su carrera. Ojalá los tengamos pronto nuevamente.

Texto: Estanislao Aimar

Fotos: Paula Andersen

Agradecemos a Rock & Reggae por la acreditación al evento.

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