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OPETH en vivo en Argentina: “Una exquisita oscuridad”
Groove - 18.07.2015

Una exquisita oscuridad

Ya habían pasado unos años desde que Opeth se presentara en nuestro país y definitivamente su público ya estaba deseando verlos nuevamente. Por suerte la espera llegó a su fin, y con su Pale Communion Tour como excusa, los suecos volvieron para reclamar un trono que con justicia parece corresponderles solamente a ellos. Demos juntos un inolvidable  paseo por los salones de la oscuridad, la melancolía y el buen gusto.

Con la veda electoral como acompañamiento, cientos de personas se acercaron a Groove para presenciar un show que sin duda será uno de los más recordados del calendario metalero de este año. Claro que encasillarlos en esa definición sería totalmente injusto y aquellos que leen estas líneas ya con nostalgia saben a qué nos estamos refiriendo, pero de ser necesario tendríamos que decir que Opeth no es una banda tradicional de música pesada, ni siquiera extrema. Pocas bandas danzan como ellos entre pasajes melódicos y voces limpias acompañadas de guitarras acústicas, y la súbita furia que se desata con guitarras eléctricas y ataques de doble bombo, sin jamás perder clase. Perdón por lo ordinario, pero son como el slogan de aquella pizza que conocemos, podrán imitarlos pero nunca igualarlos.

¿Pero qué paso en concreto? Las puertas se abrieron temprano a eso de las 19 para los que fueran llegando temprano, y tras una presentación de los locales Presto Vivace que no llegamos a atestiguar, llegó el turno de la banda elegida por el voto de la gente para acompañar a Opeth en su presentación. Los quilmeños (¿o serán Killmeños?) de Arthois dieron un show contundente de thrash con toques rítmicos, cierto frenesí y voces podridas que estuvo muy bien ejecutado. El sonido los acompaño muy bien, y se llevaron más de un aplauso merecido, de modo que será más que interesante seguirles el rastro.

Con suma puntualidad, las 21 horas marcaron el comienzo de lo que todos estaban esperando. Mikael Akerfeldt, cantante, guitarrista y líder de la banda, junto al ya veterano bajista uruguayo Martin Mendez, el guitarrista Fredrik Akesson y el baterista Martin Axenrot tomaron sus posiciones en el escenario mientras las luces cambiaban su tonalidad. El tecladista Joakim Svalberg se hizo cargo de su lugar designado un tiempo después. Ya caben un par de generalidades nada despreciables que se mantuvieron durante toda la noche: lo bien que sonaron las guitarras, el bajo de Mendez que se sentía y la bestialidad técnica de Axenrot, que no solo se destaca por darle fuerte a su batería, sino en ser una máquina eficiente de relojería que lleva adelante las exigencias de una banda que cambia de ritmo y velocidad a cada rato. El otro punto interesante fue la lista de temas ejecutados, por tratarse de la presentación de su más reciente Pale Communion, no hubiese resultado sopresivo un mayor enfoque en dicho trabajo, pero ese no fue el caso. Es bien sabido que Opeth anda transitando otros sonidos en sus últimos trabajos, pero la calidad y la esencia que siempre los identifico sigue estando ahí, y por más que hayan dejado de lado esos pasajes de brutalidad que tanto caracterizan al death metal, o incluso el viejo doom en el que se apoyaban antes, no implica que hayan olvidado como interpretar ese material en vivo.

Zanjado ese asunto, decimos que sí arrancaron con “Eternal rains will come” y “Cusp of Eternity”, ambos pertenecientes a Pale Communion, pero no tardó mucho en llegar “The Leper Affinity” desde Blackwater Park y el oscuro “The Moor”, perteneciente al Still Life. “Vamos a hacer una vieja, vieja canción hija de puta, de Morningrise”, y tras una breve pausa Akerfeldt bromeó, “que nada tiene que ver con erecciones matutinas”. Se vino “Advent” nomás, probando a todos que siguen, pese a los cambios de formación, tan afilados o mejor aún que al principio de su historia. Tras volver a su nuevo material con “Elysian Woes”, se despacharon con un bello, oscuro y melancólico “To Rid the Disease” desde Damnation, aquel bonito pedazo de electroacústico que hicieran en el 2003, y rápidamente mutaron al trance jazzero de “The Devil’s Orchard”, del ya más reciente Heritage.

Hubo un sinfín de momentos graciosos, desde los nada despreciables intentos de Mikael de hablar brevemente en español, a los gritos del público que cantaba “uruguayo, uruguayo” hacia Mendez, que correspondió amablemente con cálidas referencias hacia el público argentino. La gente pedía temas a los gritos que no estaban en sus planes, de modo que Mikael otra vez bromeó, “Tenemos que apegarnos a nuestra lista de temas, de lo contrario nos confundimos y desmayamos”. Cuando tocó seguir con la función, realizó una extraña pregunta al público, “¿Les gusta el black metal?, bueno, a mí hay tres bandas que me gustan, Venom, Celtic Frost y Bathory, el resto es mierda” dijo categóricamente. Mencionando que se trató de un intento de incursionar en esa música, lanzaron “April Ethereal” desde el viejo y querido My Arms, Your Hearse. Tras esa brutal y prolongada pieza musical, jodieron con los riffs iniciales de “If you want blood” de Ac/Dc, y a Mikael se le ocurrió recordar que esa misma noche los australianos estaban tocando en Estocolmo, pero que él prefería estar entreteniéndonos a nosotros.

No faltaba mucho para el final del show realmente, aunque el nivel de entretenimiento no dejaba notarlo, y así transcurrieron “Heir Apparent” de Watershed y “The Grand Conjuration” de Ghost Reveries. Los constantes pedidos de hicieran “Ghost of Perdition” fueron ignorados con una gracia y una promesa de retorno. Faltaba una sola cosa para terminar, la clásica situación de los bises, y los constantes cánticos de “Ole ole ole, Opeth, Opeth”. Así fue que volvieron, y tras presentar a todos los miembros de la banda, se sucedió otro momento gracioso. Ante la mención de que el guitarrista Fredrik Akesson cumplía años esa noche, la gente comenzó a cantarle el feliz cumpleaños. No satisfecho con esto, Akerfeldt mismo se lo cantó en sueco, como para que no quedasen dudas. Más allá de esto, “Deliverance” fue el tema realmente elegido para dar cierre a un show que no tuvo altibajos y que dejó a todos contentos, tanto por variedad de lista como por calidad de ejecución y buena onda. No queda otra opción que esperarlos con los brazos abiertos y hacerles cumplir su promesa de volver. No sea que nos quedemos otra vez sin “Ghost of Perdition”, estimado Miguel.

Texto: Sebastián Sánchez

Fotos: Estanislao Aimar






























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