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NIGHTWISH y DELAIN en vivo en Argentina: “Noche de deseos y algo más”
Fecha: Domingo 30 de septiembre de 2018 | Hora: 20.00 hs. | Ciudad: CABA | Lugar: Estadio Malvinas Argentinas | Bandas soportes: BOUDIKA

Noche de deseos y algo más

Nightwish la banda liderada por el creativo tecladista Tuomas Holopainen, cumple 20 años de carrera y decide embarcarse en una gran gira, que los lleva a recorrer el mundo en 9 meses. En su etapa Latinoamericana, la banda decide brindar solo 5 shows, y Buenos Aires logra tener su privilegiado lugar como si se tratase de una de esas ciudades tocadas por una varita mágica. La banda no solo coronaría su ya extensa carrera, sino que por otra parte se encontraría presentando su más reciente álbum “Decades”, un disco doble recopilatorio, repleto de canciones, de esas que desde hace años no son tocadas en vivo.

En su octava visita a nuestro país los finlandeses eligieron a DELAIN como invitados. Los holandeses, mostraron a lo largo de su set, toda la frescura de una banda joven, rostros de felicidad, y miradas sorprendidas ante la respuesta de un público, que por momentos parecía muy fan de la banda. Mucho movimiento, en particular de la guitarrista Merel Bechtold quien se mostró muy rockera arriba del escenario. Las interpretaciones muy bien logradas, y la presencia del teclado, para mi gusto clave, que le da ese toque new a las canciones. Uno de los broches del interesante set fue al momento de interpretar “Sing To Me” acompañados de Marco Hietela quien, con su ingreso a escena, encendió un poco el fuego para lo que se venía después.  En síntesis, les digo que me encontré con una muy interesante banda en vivo, que sin duda va a ser digna de mi interés e investigación.

 De pronto se apagaron las luces, una voz en Off comenzaba a darnos indicaciones, para no realizar ningún tipo de interrupción durante las anunciadas 2 horas de show. Desde el principio me fue familiar, no sé cómo explicarlo, pero me sentía dentro de una narración de Tolkien, y hasta quizás tuve alguna reminiscencia a aquel principio del mítico juego “Half Life 2”, esa voz me transportaba en pocos segundos, ponía en clima y preparaba los sentidos, como si se tratase de esos momentos a transcurrir en la vida, que van a ser de una sola tirada, sin vuelta atrás e inolvidables. La memoria sensitiva estaba preparada, y en este caso, el de quien escribe, ya habían logrado un torbellino dentro…y solo habían transcurrido apenas unos segundos.

Acto seguido, un inmenso reloj mostraba en la imponente pantalla una cuenta regresiva, que fue agitada en su final por todo el estadio. Era imponente, en tamaño y calidad visual, fue una de las claves del show, que se mantuvo sin freno, no dejando caer jamás esa conjunción de música y visual.

Reloj en cero, y tras el bullicio del publico Troy Donockey, se hacía presente para deleitarnos con su flauta traversa, seguida de su gaita. Todo comenzó a teñirse de tono medieval, y la sensación fue perfecta, podías cerrar los ojos y viajar miles de kilómetros en el tiempo, y al abrirlos el porte de Troy ejecutando sus instrumentos reafirmaba todo eso con una realidad de tintes celestiales. Les aseguro que fue un momento mágico en lo que a un show respecta, de los mejores que me ha tocado vivir en mi aún corto camino como cronista. “La melodía quiere llevar, lo bueno y lindo de estar contento”, vocifera un cantautor de nuestras tierras, y de eso se trataba, esta historia. Un camino repleto de sensaciones que te llevaban, y con las que era inevitable no ir de viaje. Todo el estadio estaba contagiado de estos aires de conjuros medievales, que terminarían en el explosivo comienzo de “End Of All Hope”. Fue como un espadazo épico escuchar las voces de Marco y Floor amalgamadas de tal manera, fue sorprendente. Particularmente, en los cortes cuando Floor comienza a quedar sola para entonar las primeras estrofas, la sentí estridente, algo forzada, como exigida en las notas altas, pero en ningún momento siendo desagradable al oído. Con esto no estoy haciendo alusión a una nota fuera de lugar, pero me llamo mucho la atención que lo repitiera, lo cual fue indicio de que mi oído quizás estaba equivocado, y se trataba de algo que iba por el sendero correcto. Tapándome la boca luego, en el coro del final pronunciándose en estilo lírico, con una soltura aberrante.

El sonido fue excelente desde el comienzo, muy bien ajustado, y se notaba que arriba también ocurría lo mismo. Muchas veces uno está presenciando shows y nunca falta ese momento en que se puede observar a uno de los integrantes de la banda, mirando hacia algún costado, pidiendo más o menos monitoreo de aquella o cual cosa. En este caso no sucedió en ningún momento, ni un mal gesto, ni alguna sensación de incomodidad. Sí, algo que sentí durante toda la velada, fue que el sonido de la guitarra se escabullía entre los demás instrumentos, sin lograr esa presencia que el cerebro solicitaba. Pero en contrapartida, se hacía presente en momentos claves, para ser la musa de cualquier fanático de las 6 cuerdas, situación que me demostraba una vez más que esta banda, está por encima de cualquier otra, y en este caso, ya estamos hablando de lo que supera al músico, es decir, estábamos en presencia de un grupo de profesionales de muy alto nivel.

Listos y a tono para lo que vendría, una tras otra y una mejor que otra cada una de las acciones y ejecuciones arriba del escenario. Sin respiro los finlandeses continuaron con “Wish I Had An Angel”, con una especial presencia de Marco Hietela entonando ese estribillo tan ganchero. El finlandés es un líder natural, un personaje digno de admirar, tanto por ese estilo que lo hace parecer recién salido de un libro de fantasía, como así también por esa forma especial de ejecutar el instrumento a púa limpia. Otra particularidad con la que cuenta este vikingo es su voz. Una voz que no logra ser de esas descollantes, por las que uno se pierde, ocurre todo lo contrario, y se debe a esa particularidad que tiene de entonar. Uno al escucharlo siente que se trata de un personaje de película, como si fuese un pequeño guerrero portando un hacha, un enano de las minas de Moria, los fanáticos de “El Señor de los Anillos” sabrán comprender. Pero dejando las analogías de lado, el encargado de las 4 cuerdas tiene una gran cualidad vocal, que logra cautivar, desde ese lugar diferente, tanto que las canciones toman otro color cuando cuentan con su participación.

La velada caminaba hacia una cima constante, magia, melodía y ensueño a cada instante; las proyecciones estaban perfectamente sincronizadas y en situación con cada canción. Con “10th Man Down” pude darme cuenta definitivamente, que estaba en presencia, no solo de una gran vocalista, sino de una frontwoman con todas las letras. Sin ser un estudiado fan de NIGTHWISH y conociendo un poco de la etapa Tarja, puedo aseverar que el ingreso de Floor Jansen, posicionó a la banda en un sitio más versátil, lejos de estar encerrada en un círculo vicioso de melodías dogmáticas. Floor es una frotwoman diferente, y que a simple vista lleva en la sangre el fuego de los ritmos más poderosos. Basta con ver sus diferentes papeles durante el show, para darse cuenta de ello. Es una cantante capaz de bailar y luego comenzar a realizar Headbanging, sin que esto quede fuera de lugar. Acompañó machaques con sus movimientos y también escapando hacia el lugar sagrado de Tuomas, para tomar un trago realizando gestos cómplices para con el público. La declarada diva del metal por muchos medios especializados dejó bien en claro por que ocupa su lugar, y créanme, si no la han visto todavía, me darán la razón después. Vastas fueron las muestras de profesionalismo durante toda la velada, fue un antes y un después a cada minuto. La capacidad de sacarte de la realidad con la que cuenta cada composición, y la forma en que fue diagramado el show, a mi entender fue por lejos de otra dimensión.

Mi atención debía ser múltiple, había mucho por observar allá arriba, y no quería perderme de nada, quizás alguna brisa trataba de llamar la atención, pero el calor del público te traía constantemente. Fue muy interesante ver la devoción con que los fans disfrutaron del show provocando en muchos casos el asombro de todos los músicos. Como en el caso del pequeño Emppu Vuorinen, un guitarrista de cepa única, un músico que está en el lugar justo y en el momento adecuado. Como decía en un principio, por momentos su instrumento parecía escabullirse entre el resto, pero su presencia clave, asomó la cabeza cuando fue necesario. Es de esos músicos que da lo que la música necesita, ni más ni menos, pero con un entendimiento especial. Muchas veces, los fanáticos pueden retrucar la imposición de los ejecutantes de las 6 cuerdas, comentando sobre sus egos y mandamientos para con el resto de sus compañeros, queriendo resaltar y ser protagonistas en todo momento. Pero en el caso de este pequeño violero, ocurre todo lo contrario, ya que logra su cometido sin ego alguno, siempre sonriente y cómplice del resto de sus colegas. Cada solo ejecutado, se dio en la misma posición y podría decirles que así fue durante las 2 horas de show, con su pierna sobre el retorno y su mirada en él instrumento.

Troy volvía a presentarse en escena, pero esta vez no solo utilizaba su flauta, sino que consigo llevaba una guitarra eléctrica, detrás de la banda, en la gran pantalla, nos acercábamos hacia el planeta tierra, era el turno de “Come Cover me”. El punteo de Emppu fue coreado por todos los presentes, cual canción de cancha, y el resto de la banda acompañaba con una derecha base. Floor comenzaba a utilizar notas bien bajas, dejándome nuevamente pensando, sinceramente una todo terreno. Otra de las características, que me compró de la banda fue ese gustito que tienen los estribillos, en su mayoría para corear y repletos de esas notas a las que me agrada llamar felices.

Pero el momento más alto fue con la llegada de “The Greatest Show On Earth” en lo que sería la recta final del show. Luces apagadas y todas las estrellas antecediendo el escenario. En sombras podíamos comenzar a ver al gran Tuomas Holopainen, quien nos deleitaba con una bella e intensa introducción a piano, con su teclado inclinado, mientras lentamente se iba iluminando su persona. Troy Donockey, se encontraba junto a él, pero esta vez con guitarra en mano. El público exploto al advertir esta situación, pero pronto el silencio se apodero de ellos. Era inevitable no guardar silencio para apreciar tan hermosa pieza. Una vez más la música nos llevaba de viaje a todos de una forma cautivante. Pero este fue un viaje diferente, fue un viaje por los confines de la tierra, un viaje en donde la pantalla nos permitió observar las maravillas del planeta. Aquellas maravillas que vemos al pasar, o que jamás comprendemos el porqué de su existencia. De pronto la hermosa melodía de piano se ve interrumpida por notas apocalípticas, sensación de temor e incertidumbre, este era un viaje diferente, sin duda alguna. Sin darnos cuenta Floor aparece en escena, y con su voz, se suma a esta mezcla de Apocalipsis y vertiginosidad. Las luces solo enfocaban sus manos, que de forma majestuosa pudimos observar moverse acompañando su voz, fue realmente increíble. Luego se perdió en la oscuridad, para seguir dándole espacio a quienes desde un principio se encontraban contándonos esta épica historia. Pero nada estaba dicho, Troy y su gaita volvían al ataque, mientras las constelaciones desaparecían en la gran pantalla, dando lugar a escritos y figuras. No podía divisar con claridad de que se trataba, pero fue espectacular cada metamorfosis de imágenes que allí ocurría. La banda comenzaba, entre sombras, a ocupar nuevamente el escenario, acompañados de una voz en off, que nos ponía una vez más en sintonía, en tiempo y espacio. Con todo listo, salieron al ataque con el doble bombo, y luego del corte, con puño arriba Marco, y la diva se presentaba una vez más para continuar la historia con todos sus dotes clásicos, acompañados por imágenes de la fauna marina. Acto seguido comenzamos a recorrer un bosque, al parecer devastado, todas esas imágenes luminosas y coloridas se apagaron de repente y casi que la conciencia ganó por una cabeza. Fue un shock de golpe, ver como con ese machaque, el fuego comenzaba a invadir las imágenes, había un mensaje que transmitir, algo que decir, y era directo y sin filtros. Estábamos aquí, se mostraba el caos en imágenes, grandes ciudades, maquinarias, dominio, destrucción. Un contrapunto entre la naturaleza, y esa civilización que lo va destruyendo todo. “We Were Here”, rezaba la pantalla, y así con el puño arriba nos invitaban a cantar a todos, mientras las imágenes continuaban apareciendo, despertando cada vez más algo de conciencia.

Cuanto talento en escena, coronado por una obra de semejante magnitud, reflejada en imágenes que no voy a poder borrar en mucho tiempo, y que va a ser inevitable no buscar en mi memoria cada vez. Nightwish dio un show que quedará grabado en mí, y que sé, muy pocas bandas estarán a la altura de superar. La pregunta es, como se logra aquella magia, existe una fórmula, se puede escribir un guion, los sentimientos son tales, o realmente nos dejamos llevar, perdidos en aquellas cosas banales, perdiéndonos de todo lo que nos rodea diariamente. Eso, una vez más no lo sé, pero lo que sí puedo aseverar, es que aquella noche, fue de deseos… y algo más.

 

Texto: Diego Villares

Fotografía: Estanislao Aimar

Agradecemos a Gaby Sisti Press por la acreditación al evento.

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