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MESHUGGAH en vivo en Argentina: “Un show triturador”
Fecha: Viernes 30 de Abril de 2019 | Hora: 21 hs. | Lugar: Teatro Flores | Bandas soportes: AVERNAL

Hablar de MESHUGGAH , es hablar en palabras mayores. La banda fundada en 1987 por el Vocalista Jens Kidman y el Guitarrista Fredrik Thordendal, es un mar de pesadas, obscuras y retorcidas sensaciones rítmicas que, cual droga, te atrapan a primera escucha, aunque no te cierre totalmente lo que está sonando. Dueños de, a mi entender, un estilo único, y siendo catalogados como los creadores del DJENT, los suecos son un verdadero espectáculo hipnóticamente sonoro a la hora de verlos trabajar arriba del escenario.

La banda estaría pisando suelo argentino por tercera vez, presentando nuevo trabajo de estudio, editado en 2016, titulado The Violent Sleep of Reason, un disco que, si bien respeta una tónica compositiva e ideológica, musicalmente hablando, dice ser más real y honesta en lo que a vivos respecta. Y es que la banda se ha encargado de decir en muchas declaraciones, que esa fue una de las ideas principales a la hora de embarcarse en un nuevo trabajo, poder plasmar en vivo, todo lo que se haya logrado en estudio, sin más preámbulos que hacer lo que mejor saben hacer.

Lo cierto es que los suecos, se presentarían en el Teatro de Flores el martes 30 de abril, víspera de feriado, y con un clima bastante aceptable para una velada de esta índole.

AVERNAL fue la encargada de abrir la noche, y comenzar a subir la temperatura. La banda argentina que comenzó a dar sus primeros pasos allá por 1993, con su estilo mezcla de Death Metal y rock Motorhediano dio un set atropellador. Jamás había tenido la oportunidad de verlos en vivo, y sinceramente fue una grata sorpresa. Dueños de una gran experiencia, y destiladores de extremas melodías, que se completan con la monstruosa voz de su vocalista Cristian Rodríguez, como si fuese el principal eslabón conductor de una agresividad que pocas veces presencie en vivo, AVERNAL es una banda solida por donde la busques, se nota al verlos que tienen muy en claro hacia dónde quieren ir, que quieren generar y cuál es el resultado que consiguen. Fue show exquisito para los amantes de lo más extremo y putrefacto, pero que a su vez tiene esas exquisiteces fuera de tiempo, que le dan un toque especial.

Como no suele pasar muy a menudo, contaron con mucho público presente, y muchos de aquellos, se mostraban muy felices de ver a la banda, ya sea por corear de alguna manera (gritar, brutalizar, o como sea) las canciones, o por matarse entre sí con esos enfermos y violentos pogos que tienen este tipo de shows. Buena elección por parte de la productora, atinada claro está, una antesala perfecta para el plato principal de aquellos fríos lares.

Como entremés, ocurrió algo que en mi extenso camino presenciando shows, jamás había visto. De repente comenzó a sonar música distinta, que logro llamar la atención de todos los presentes, que en muchos casos nos encontrábamos conversando con otro ser vivo.

Era inevitable dejarse llevar por esas gancheras melodías. Y es que comenzaron a sonar, aquellos famosos clásicos de los 80. ¡Canciones como “¡Time Of My Life” de la película “Dirty Dancing”, o “¡Lady and Red” de Chris Deburg, empezaron a llenar la boca de todos los que allí nos encontrábamos esperando a los suecos, que no pudimos evitar cantar a los gritos, todos juntos, entre risas y miradas de… ¡SI, YOTAMBIEN LA SE!!!!, las canciones que sonaron una tras otra.

Fue un momento de esos diferentes, aunque parezca mentira, en donde principalmente yo, me sentí muy liviano al ver que hasta dentro del público del más extremo metal, existen otros gustos, otros aromas musicales, y que esta evolución, de poder sacarse esas caretas que nos han impuesto de ser cada vez más duros, nos convenza de esta evolución, que es de lo más gratificante.

Movimientos arriba del escenario, podíamos ver la gran bandera que decoraba el final, y un hermoso montón de luce en cada extremo del escenario. Ya estábamos pisando las 21 hs, hora pactada. Escenario obscuro… al instante, esas luces que parecían de adorno, comenzaron a dar destellos de todo tipo, encandilantes, coloridos, todo apuntando hacia el público. Impactante, hermoso contraste ante esa obscuridad, para que cada uno de los integrantes, tomaran posición, muy tranquilos, y con un ingresar soberbio, que emanaba una seguridad arrolladora.

Con “Pravus” del álbum “Obzen” dieron en punta pie inicial de lo que fue un show triturador, le siguió pegadita “Born in Dissonance”, habían transcurrido a penas 10 o 15 minutos de set, y ya tenía la cabeza torcida. Es increíble lo que logran ejecutar los MESHUGGAH, es como si cada uno de esos retorcidos pasajes, te insumieran en una especie de mantra del que no podés salir. MESHUGGAH es una banda muy particular, que no media razones a la hora de ir una tras otra por las canciones de su set, a tal punto de perfecta ejecución, en la que pareciera como si estuviese todo perfectamente grabado y no estuviese ejecutado, de alguna forma por humanos. Y es que la perfección y soberbia en la tocada, hacen que uno se insuma en todo eso, y tenga dos opciones, meterse en aquellos pogos violentos, o estar incitado a agitar el puño arriba, con rostro de guerrero.

Dentro de este contexto enloquecedor de riffs entrecortados, y un Jens Kidman que se dedicó a agitar la cabeza en un gesto de “Si” constante y pie encima del retorno, a ojos cerrados entonando cada una de las brutales melodías, comencé a preguntarme cómo es posible lograr lo que la banda logra en un show. Es matemática su ejecución, como si estuviese estudiada a la milésima de segundo. Es demencial cuando uno se centra en el papel de Tomas Haake. El Baterista tiene un papel fundamental en la conducción de la banda, dado que su amalgama con los riffs de guitarra lleva adelante toda esa idea de métricas completamente hipnóticas.

Y continuando con esta idea Hipnótica de riffs y amalgamas percusivas, la iluminación se suma a este dúo para dar la estocada final. Los destellos de luz, de todos los colores, largas, cortas, y en otros casos con la función de solo generar destellos encandilantes hacia el público, son el sexto integrante de la banda, funcionando al unísono con los enfermos riffs. En ese momento me di cuenta que no solo estaba parametrizada cada una de las canciones, sino que la iluminación también, no dejándola de lado y haciéndola otro protagonista fundamental.

Siempre se suele decir aquella frase “Un show con buenas luces”, siendo luego estas algo, que no logra dar un real valor agregado arriba del escenario, pero en este caso, los suecos llevan este concepto mucho más allá, porque esto que les cuento ocurrió con cada canción, al unísono con cada golpe de bombo, con cada machaque, en diferentes tónicas, que diría, fueron poco repetitivas y muy creativas, pensadas para cada canción.

El papel de Fredrik Thordendal , miembro fundador y principal compositor, es otro de los fundamentales. De perfil bajo, ubicado a la derecha del público, fue el encargado de mostrar su capacidad para tocar esos solos intrincados, arriba de esas bases rítmicas fuera de sí, y luego volver a meterse en esa línea nuevamente. Concentrado, y agitando su cabeza como si fuese una única misión por cumplir, un personaje adoctrinado para romper con todo lo lineal.

En el caso de Mårten Hagström (Guitarra rítmica), es otra historia. El calvo de larga barba, tiene una impronta muy Jazzera, que se mete en las canciones dándole esas pinceladas especiales. Otro de los miembros estáticos, casi siempre en la misma posición y con ojos cerrados, como si estuviese en un viaje constante hacia un lugar, en donde es capaz de bajar toda esa data y plasmarla en su instrumento.

Dentro de todo este contexto que les cuento, sonaron “Violent Sleep of Reason”, la tremenda “Clockworks”.  La banda recorrió parte de su extenso repertorio, para el gusto de todos los enamorados del estilo, para terminar el set con “Bleed” con esa ametralladora de doble bombo y guitarra, y con un Jens Kidman hasta más lineal en su melodía vocal. Y el final definitivo de la mano de “Demiurge” del Album Koloos de 2013, ante un Teatro de Flores enloquecido y muy caliente.

En resumen y a opinión de quien escribe, se vivió una noche completa, a pesar de ser una fecha con situaciones de freno en el transporte público, que no fue obstáculo para que la gente colmara el lugar. En donde cada uno de los momentos vividos tuvo su toque especial, repleto de situaciones atinadas a nivel organización, para culminar con un show principal que pocas veces se puede disfrutar. Una noche soberbia, sublime, que se transforma en aquellas que toman lugar en el baúl de los recuerdos vivos, para irlos a buscar y compartir en todo momento.

Texto: Diego Villares

Fotos: Paula Andersen

Agradecemos a Gaby Sisti Press por la acreditación al evento.






























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