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Escalandrum & Marty Friedman

Si de algo se nutre la música es de la combinación de ideas y estilos diferentes provenientes de artistas, en ocasiones, marcadamente disímiles. Pues bien, esto es lo que sucedió el pasado jueves 9 de abril en el predio de la Usina del Arte. Un guitarrista proveniente del speed/thrash metal y un sexteto de Jazz se unieron para realizar juntos un tributo al Tango. ¿Raro? Sì, pero de un nivel y una calidad superlativas.

Para quienes no lo sepan, Escalandrum es el sexteto de jazz que lidera, el nieto del consagrado artista Astor Piazzolla, Daniel “Pipi” Piazzolla. Si están leyendo Metal-Daze, Marty no necesita introduccion.

Según nos comentó Marty durante la entrevista que le realizamos unos días antes de sus clínicas en Bs As, hace poco tiempo que Piazzolla se ha convertido en una gran influencia y siente mucha admiración y pasión por su música. Tal es así que durante su corta estadía en Bs As para llevar a cabo 3 clínicas los días 6, 7 y 8 de abril se dio la posibilidad también de concretar este encuentro entre los músico para rendirle tributo al, quizás, mas controvertido y criticado compositor de tango de la historia. Un tipo que llevo el Tango hacia lugares inimaginados y que, tal vez por eso, no sorprenda que la fusión esta diera resultados excelentes.

Con un predio colmado y mucha, pero mucha gente sin poder ingresar, a las 20:10 comenzó la velada con Primavera Porteña de Piazzolla interpretado únicamente por Escalandrum tras una breve pero emotiva introducción por parte de Daniel Piazzolla mencionado la unicidad del evento y la grandeza detrás de un músico como Marty. Finalizado el tema Pipi introdujo a Marty Friedman quien hizo estallar la Usina del Arte al momento en que subió al escenario para interpretar junto al sexteto “Tanguedia” seguida de “Vayamos al Diablo”. Debo reconocer que realmente me asuste durante el transcurso de estos dos temas. Las cosas no estaban saliendo bien. La viola de Marty no encontraba su sonido y los músicos parecían no haberse acoplado correctamente. Era como si sobre una base de Tango-Jazz sonara una viola distorsionada, al palo, y con melodías que no lograban armonizar con el acompañamiento; y si agregamos a esto que frente a un prolijo y encuadrado sexteto de jazz, en un ambiente extremadamente cuidado, iluminado y acustizado, un tipo de pelo largo, desprolijo, jeans gastados, zapatillas desatadas se movía sin parar de un lado a otro gesticulando cada nota que tocaba…la cosa pintaba mal. Pero no eran músicos novatos ni improvisados sino gente consagrada y tras esos dos temas todo se acomodó. Las melodías de la viola de Friedman fluían con una naturalidad y un sentimiento tan grande que abrazaban y se entrelazaban con el ritmo de la batería y los sonidos de los bronces, mientras se sostenían sobre la robustez del contrabajo y la armonía del piano de forma tal que un tema con la complejidad sonora de “Escualo” sonó casi como una obra progresiva compuesta en conjunto por todos los músicos. Con una increíble introducción del saxo barítono en manos de Martín Pantyer (desafortunadamente no salió en el video) la canción se abrió paso ante todos para que luego Friedman pudiera introducirle sus intrincadas y complejas melodías.

Acto seguido, el sexteto se retiró del escenario y Friedman, acompañado únicamente por la pista del tema, interpreto “Devil Take Tomorrow” de su sexto álbum como solista Loudspeaker. Una interpretación sentida y emotiva aunque, claro, medio vacía desde el punto de vista de que tocó sobre una pista y no acompañado por una banda. No obstante, el tema sirvió para que el 90% del publico presente (que había ido a verlo a él) enloqueciera y lo acompañara como si se tratase de un show con su propia banda.

Luego Escalandrum volvió a las tablas y tras una excelente introducción por parte de Mariano Sivori con el contrabajo, la banda interpreto “Buenos Aires Hora Cero” mientras Marty se tomaba un descanso antes de volver para comenzar con la parte más intensa de la noche. Así es que “Oblivion” fue la encargada de arrancarle las melodías más dulces de la noche a la Les Paul que empuñaba el Sr. Friedman y que funcionó como antesala perfecta para, quizás el Tango màs conocido de Piazzolla, “Adiós Nonino”. Creo que fue el momento más sentido y emocionante de toda la velada. Los dedos de Nicolás Guerschberg se pasearon y acariciaron prácticamente todas las teclas de un piano que se hizo eco entre los restaurados muros de la vieja Usina invocando, tal vez, y a juzgar por la energía que se sintió, al mismísimo Astor Piazzolla. Luego de tan maravillosa introducción, la agrupación entera junto a Marty interpretaron la composición completa dejándonos a todos boquiabiertos y estupefactos ante la majestuosidad de una pieza única interpretada de una manera tan particular como extraordinaria. Fue acá donde se vio realmente lo que Marty Friedman siente por la música de Piazzolla. Ver las expresiones en su rostro con cada nota, cada estiramiento de sus cuerdas; como por comentos el cuerpo entero se contraía al interpretar algunas melodías tan grandiosamente ideadas, fue realmente un lujo de presenciar. Sinceramente da gusto ver cuando un músico no solo toca sino que además siente profundamente en su interior cada una de las notas que se están ejecutando. La ovación fue tan merecida como inevitable.

Y llegaba la hora del final. Pipi anunció la culminación del show con un tema más y, para sorpresa de todos, nuevamente seria el turno del guitarrista, pero esta vez acompañado por la batería, el piano y el contrabajo del sexteto. El tema que cerraría la noche, perteneciente a su ultimo trabajo, era “Undertow” y si bien quedó un poco desencajado de la propuesta, al menos mostró que el resto también podía amoldarse a él y sentir su música. Obviamente, que los presentes enloquecieron y mostraron su ferviente pasión por Marty con gritos, aplausos y alabanzas diversas a que fueron agradecidas por ex megadeth con una performance impecable y rockera como todos esperaban. De esta manera, luego de saludar al público presente, los músicos se retiraron del escenario dejando sembrada la duda en la sala acerca de si habría o no algún bis. Hasta aquí había sido corto pero efectivo y algo más no venia nada mal. Y así fue. Pues todos esperábamos uno màs y es fue, nada màs ni nada menos que “Libertango”. Acaso la obra más sentida, emocional, y armoniosa de Astor. Si quedaban dudas respecto de lo que se vivió esa noche en la Usina, este tema las disipó completamente.

7 músicos de calidad incuestionable, provenientes de mundos completamente diferentes se reunieron por única vez para brindar un espectáculo que quedará grabado en la memoria de todos los presentes por el resto de sus días. Que lindo es cuando ocurren estas cosas y los resultados son de tamaña calidad. Que lindo es ver músicos de verdad que logran ensamblarse desde la técnica y el corazón transmitiendo ese sentimiento a sus instrumentos y al publico a través del sonido. Que lindo es ver a un músico retorcerse o cambiar su expresión frente a determinadas notas o melodías. Que lindo es ver la mezcla de públicos y que todos disfruten por igual. Que lindo es cuando se derriban barreras y la música se anima a algo más logrando estos resultados. Gracias Escalandrum. Gracias Marty. Pero fundamentalmente, gracias Astor! No solo un homenaje a él sino a la buena música y arte de verdad!

 

Texto, fotos y videos: Estanislao Aimar






























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