EL DRAGÓN “La Última Batalla”
Año: 2017 | País: Argentina (C.A.B.A.) | Género: Heavy Metal | Formato: CD | Sello: F.E.U.D.A.L. Records
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Pasaron cinco años para que Olaf Mangialavore saque a luz un nuevo disco de la histórica banda Argentina EL DRAGÓN. Bueno, vieron que dije Olaf y no dije EL DRAGÓN banda. La cuestión es que desde hace un tiempo atrás a la fecha el líder de la mítica banda de heavy metal Argentino por propia elección ha decidido gestar todo en soledad, hacer algo a modo personal como OLAF, más allá de que la gente decidió que se siga llamando EL DRAGÓN y por este emotivo tanto “Victoria” (2012) como “La Última Batalla” han sido discos que ha grabado el músico integralmente. Si, compone y toca todo, teclado, bajo, viola, mete las voces, diseña y crea la batería, casi nada. Ambos mencionados son discazos y representan la esencia de lo que siempre fue la banda, y en un contexto ha formado parte de un nuevo reencuentro de Olaf consigo mismo, con su gente en giras por las provincias de nuestro bendito país, conciertos por sus pagos y demás detalles que reivindican en cierta medida lo que prolifera musicalmente este exponente.

En este sentido “La Última Batalla” ha sido un disco donde la batería fue creada completamente distinto a la manera convencional que te puedas imaginar, el tipo tocó la batería con su cabeza, escribiendo la partitura golpe por golpe y compás por compás a través de un teclado que ofició en cada una de sus teclas de parche (al igual que en “Victoria”) y si bien cuesta darse cuenta de eso, el músico no sólo ha grabado los parches sino que también como ya les mencioné ha grabado parte por parte el bajo, teclado y lógicamente la guitarra y la voz, sus principales armas de defensa. A esta altura sólo él sabe porque se sigue llamando EL DRAGÓN y si bien se ha presentado en esta placa como OLAF, EL DRAGÓN termina siendo ni más ni menos que su persona en esencia. En definitiva, el producto final es de su gestión, así que se llame como se llame, rápidamente lo reconocerán.

Ya adentrados en el disco podemos decir que durante los cuarenta minutos de duración del mismo, es una placa que goza de muy buena salud. No sólo en materia de letras, que es de lo mejor que tiene el disco, las cuales son otra de las grandes armas que posee el músico, sino también desde el punto de vista melódico y musical. Para la grabación, masterización y demás detalles ha contado con la participación y el asesoramiento de otro conocido por nosotros como Ariel Ranieri (ex JASON) de Crazy Rabbit Records, músico que ha sido en parte guía espiritual de lo plasmado en formato físico, hoy devenido en productor. Y si bien en el mes de julio tuvimos la chance de acercarnos a ver lo que fue la presentación oficial del disco, donde poco se tocó del mismo, durante parte de todo este año lo estuve escuchando prácticamente sin cesar y por eso quizás las demoras del caso en dar una apreciación, ya que algo distinto siempre le encontré en cada escuchada mientras lo hurgaba como sin querer queriendo. “La Última Batalla” es un disco para degustar, como una rica cerveza tirada.

Con un lindo diseño y una portada que mantiene la mística de discos predecesores, en su contexto la placa denota calidad. Lógicamente que me hubiese encantado escuchar una batería tradicional, como en la vieja época y no algo “tocado digitalmente”, pero a decir verdad para nada mal quedó. El sonido del disco es moderno, crudo y aguerrido, aunque dista bastante de sonidos más tradicionales logrados en álbumes excelentes de punta a punta como “Vikingos!” (1994). Y esta séptima placa de estudio muestra a EL DRAGÓN en el mismo eje, con una plataforma lírica asociada fundamentalmente a cuestiones sociales, políticas y estructurales de nuestro sistema antrópico que seguramente nos permitirán cuando escuchemos el disco dentro de unos años, vamos a terminar entendiendo que en la misma seguimos. Sino explicame vos como canciones como “Argentina” a más de 20 años de haber sido creadas continúan independientemente de todos los gobiernos por los que pasamos, relatando problemas que al día de la fecha no hemos tenido la suficiente capacidad de solucionar bajo ningún punto de vista, sean de derecha, izquierda o la bandera política que intenten proliferar.

Y sin ir más lejos el disco arranca con una intro de piano y una estructura melódica muy copada denominada para la ocasión como “Guerra de mundos”, entrada principal que será seguramente útil para cualquier show. De acá en adelante entrega una cuota de contenidos enormes, dispersos entre el cariño hacia su gente representado en canciones como “El ejército negro” donde queda más que clara nuestra estirpe, sentimientos y esos detalles que nos convierten en lo que somos; o bien reivindicando el trabajo de los cartoneros en “Héroe de cartón”, la cual al galope de lo que hace la batería lleva los hilos de la canción. Trabada por cierto y recurrente de cambios, pero siempre interesante y lógicamente como es su estilo con estribillos pegadizos. Como suele suceder también en la homónima de la placa, “La última batalla”, canción que a diferencia del resto baja un cambio en materia de velocidad en cuanto a lo que venían mostrando sus pares, pero que reivindica los valores que el músico lleva adelante en sus estribillos y hasta tomándolo como lema del disco expresando que “La última batalla se gana o se pierde, se vive o se muere, pero se pelea”, mientras del fondo nos llega ese clásico “Oh, oh, ohhhh”.

Son diez las canciones, pero de mucho contenido, que cuando uno tiene la capacidad de digerirlo se encuentra a flor de piel con una base nacionalista, social y política clara. Sin titubeos, como lo es cuando nos toca escuchar canciones tales como “Dioses de acero” con un doble bombo al frente y una viola contundente y rígida, de buenos solos, la homónima del disco o bien canciones como “Terapia intensiva”, que cerca de ser una de las más veloces del disco, imprime cambios de ritmo y estructuras de solos que quedan muy bien, las cuales, a su manera, encrucijadas con las letras, reflejan los males sobre los cuales nos sustentamos, por desidia, malos manejos políticos o cualquier otro factor en los cuales el ser humano de una manera u otra siempre está relacionado.

“Fuera de mi ataúd”, “Cicatrices del mal”, “Piel de judas” y “Violencia sin piedad” son el otro bloque de canciones que en una segunda parte del disco no hacen más que sobre elevar el tono del mismo. La primera mencionada tiene la particularidad de haber sido un tema compuesto por el mismísimo Olaf para LULU (su ex banda), allá a fines de los ’70. Para el caso en cuestión, fue grabada y editada en otra versión con letra reducida. Por otro lado el juego y trabajo realizado entre la viola y la batería en “Cicatrices…” me encantó y le dio a la canción y a la placa otro aire. Con el uso de los wah-wah a flor de piel el Comandante termina siempre imprimiendo un sello en cada canción único. Para el cierre las dos últimas se transforman en un final más que adecuado y revalorizan lo hecho durante el tránsito del CD. Un CD que se escucha claro, y tiene mucha precisión en su estructura. “Violencia…” sin ir más lejos es de las clásicas canciones que podríamos corear con ganas, de hecho es lo que seguramente suceda en los shows, reflejando tristemente un tema que nos toca a todos de cerca, independientemente hayamos vivido o no en persona hechos de inseguridad.

A diferencia del pasado histórico sobre el cual se sustenta la banda, sentí de que estamos con una placa un tanto más pesada que otras que han editado y si bien en los solos de guitarra Olaf mantiene ese eje rockero con el cual ha crecido como músico, se empeña en ponerle alguna que otra onda para redimensionar lo que hace con su característica y única voz, rasposa, estridente que no hace más que salivar en buen modo todo lo que el disco va contando. Probablemente después de digerir el disco en su totalidad me queda dando vueltas eso que al principio les mencioné, y no es justamente porque que no valore todo el trabajo que el gordo querido ha hecho con su nuevo hijo, o bien porque no respete su decisión de gestar todo en soledad y reclutar diferentes músicos para los shows en vivo (con todo el rollo que es), pero siento también que algo distinto se podría generar también con gente que se comprometa con una banda tan emblemática como EL DRAGÓN, lógicamente si él quisiera. Esto salió y por lo pronto me deja un sabor muy bueno en el paladar y ganas de más. Así que si no hay trabas de por medio, sirva otra vuelta, que hay más batallas por delante.

Texto: Hernán Mazón

Agradecemos a Olaf Mangialavore por la facilitación del material. 

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