thumb image
BLACK LABEL SOCIETY en Buenos Aires
El Teatro Flores, 16.11.2012

Un día Ozzy decidió que tenía que cambiar de aire, que su banda estaba sonando como la de su violero y que eso no estaba bien. Ese día, Zakk Wylde se vio obligado a convertir a Black Label Society en su proyecto de tiempo completo. Mejoró su sonido, volvió a hacer un disco ganchero y no tan ruidoso como “Order Of The Black” y comenzó una etapa de crecimiento para su hijo musical predilecto.

Siendo justos tal vez BLS no sea el mejor proyecto del rubio en cuanto a calidad sonora, pero si es el que más ha progresado a lo lago del tiempo y el que ha condensado la mayor cantidad de fanáticos. Tal vez por esto, la idea fue hacer un recorrido por la carrera mostrando algo de cada etapa de la banda.

El inicio fue previsiblemente con “Godspeed Hell Bound“ del último disco que reapareciería más tarde con “Overlord” y “Parade of the Dead”. Sin mostrar un sonido nítido pero si fuerte, la triada “Destruction Overdrive”, “Bored to Tears”y “Berserkers” sirvió para ir acomodando de a poco esta cuestión que empezaría a mostrar un gran nivel en el primer gran “clásico” la asesina “Bleed For Me”.

Con la contundencia de sus laderos, Nick Catanese en segunda viola y John DeServio en bajo sumados al muy preciso (aunque de horrible corte de pelo) Chad Szeliga, “The Rose Petalled Garden” sirvió de presentación para el grupo y de introducción para el único remanzo de la noche con un algo extenso solo de piano y la obligada “In This River”, un homenaje a Dimebag Darrell en formato de bandera sobre la pared de amplificadores.

Otro de sus temas más gancheros “Forever Down” culminó en un previsible solo de guitarra que esta altura resta más de lo que suma, teniendo en cuenta que la capacidad del pelilargo no necesita refrendarse en soledad si no que toma forma real en el sonido general de la banda.

El final sin bises y a todo trapo con la sureña “The Blessed Hellride” y las contundentes “Suicide Messiah”, “Concrete Jungle” y “Stillborn” fueron la pauta de que cuando el barbudo rockea pocos pueden ganarle en cuanto a pesadez, melodía y gancho. Tal vez eso sea lo que lo mantiene vivo y luchando. Esperemos que siga ese camino.

Texto: Carlos Noro
Fotos: Jorge Noro






























publica_aqui