AVERNAL “La Quimera de la Perfección”
Año: 2016 | País: Argentina | Género: Death Metal | Formato: CD | Sello: Independiente
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Séptimo disco de estudio en la carrera de AVERNAL. ¿Te parece mucho? A mi sí, pero en todo sentido. Así que vamos a desglosar un poco en lo que tratan estos nuevos sonidos y melodías generadas por la mítica y porque no, precursora banda Argentina practicante de death metal/death n’ roll. Bueno, la cuestión es que hay que ir por partes, pero no quiero dejar de recordar que en algún momento me cruzaba a los muchachos de banda en algún que otro show y les preguntaba acerca del nuevo disco que se estaba gestando y me decían que sería mucho más picante, más extremo, con muchos más blast beat que el anterior si de parámetros cercanos hablamos. También me decían: “Te va a gustar Hernán, vas a ver”. Y por mi lado yo no hacía más que pensar en último disco de estudio editado por ellos en el 2011, “Réquiem…” ya que para mí a modo compositivo fue uno de los mejor logrados en el seno de la banda. Con lo cual, me aparecían ciertos miedos por así decirlo. No es que tampoco quería pensar en el salto extremo que podrían dar, siendo que sobre el eje que se habían perfilado históricamente, pero así todo como que me perturbaba.

Bueno, la cosa es que finalmente el disco un día salió (la banda lo dispuso online gratuitamente para su gente antes de editarlo físicamente) y tengo que reconocer que me costó digerirlo un montón. Probablemente ese salto que les hablaba anteriormente jugó en mi cabeza, no lo sé. La cuestión es que hasta que empecé a comprometerme con el disco no pasó poco tiempo. Fueron muchas escuchas y escuchas para poder posicionarme sobre otro lado. Para colmo de males salían al ruedo con “Mediador”, el primer corte de difusión, que siendo fiel al disco, es de las más extremas. Así que me descolocaron, como hicieron justamente con los tres primeros cortes, actuando estos como un piñón en el medio de la frente.

Bajo este preámbulo debo decirles que el disco arranca a pleno con “El profeta y la carroña”, al palo como quién dice, pero ya desde los primeros riffs aparece el dejo a AVERNAL, algo así como si fuese ese vino tinto que cataste en otro momento de tu vida. Esa sintonía del pasado que resurge con mucho blast beat como habían dicho, los mantiene uniformes y constantes en el tiempo. Podrida, pesada y cargada de una letra golpeadora y fuerte, como el resto del disco. Su compañera “Habitante de cadáveres” cambia un poco la película extrema y le empieza a dar al disco alternadamente una cuota más ganchera y riffera. Es la parte del disco donde dice presente claramente el headbanging en su máxima plenitud, sin lugar a dudas. Para el cierre del trío inicial llega la anteriormente mencionada “Mediador”, canción que implica otro corte en el disco, esos que quizás se necesitan como para que la música se hamaque por si sola.

¿Y saben que? Éste de AVERNAL es un disco pendular, que oscila y se carga de energía, pero que también la libera. Canciones como “Revelación” o la genial “Cimática” hacen eso y son de las que más me sedujeron del disco junto con “Prometeo”. Tienen mucho de todo, son canciones que mantienen la cuota ríspida de la banda y a la vez no se desprenden nunca del eje Argento, del acento con el cual los conocimos hace más de veintitrés años. Las melodías en materia de riffs es realmente cálida y pegadiza, como así también la introducción lograda en la segunda citada; eso si, guarda, ya que eso que parecen violines en la introducción de “Cimática” no lo son; la otra vez cuando los entrevisté, se guardaron el secreto como buenos chef’s así que no me preguntes de donde sale, pero quedar, queda bien.

Por otro lado también sentí que es la placa donde Federico Ramos (más conocido como Fede Averno) se atreve a realizar más solos de guitarra en relación a otros discos, y los entrega a modo muy melódico sin necesidad de virtuosismo. Quedan bien con la textura propuesta por la banda y en algunos momentos los mismos tienen mucha presencia; por otro lado también ingresan como pidiendo permiso para despedirse con un gran batacazo dependiendo el punto de soltura de cada tema. Estas últimas canciones citadas son un interesante ejemplo en ese sentido. Y siendo fiel a lo que antes retraté, el disco nuevamente se vuelve a poner picante con “Arquetipo de Saturno”. De las más extremas y veloces del disco. De distorsiones y notas bajas. Bien densa y cruda. Nunca baja el pie del acelerador y no hace más que hacer oscilar nuevamente la placa, dejando hasta algunas notas dando vueltas para que le gente en vivo los coree acompañando la melodía con un clásico “Oh…Oh…Oh…”. ¿Premeditado…o me equivoco?

“Prometeo” transita una línea similar al ya clásico “Sólo Ante La Muerte” del pasado disco. Es lenta, pesada y con una cuota de densidad que tiene sólo esta banda capacidad de realizar. Al igual que otras canciones está dotada de momentos muy copados y bien logrados. Son de las canciones para analizar y digerir bien, las que te acompañan con un buen vino y un rico porro prendido, estés donde estés y como estés. También es el momento en el que la banda no solo decanta individualmente, sino que también se muestran con su instrumento tal cual son en persona. Sueltos, relajados y con el brote de confianza necesario para poder desplegar vuelo durante el transcurso de la canción. “Alquimia” vuelve a cambiar un poco el eje y retoma en ese sentido el headbanging que tanto me gusta de esta banda, el pogo y porque no, el salto. Indefectiblemente te invita a eso. Cargada de onda, mucha te diría… son de las canciones que no deben faltar nunca en vivo muchachos.

Se despiden con “El Guardián de la Sombra”, canción que cierra el disco con mucho de lo ya escuchado. Si entendí que quizás la canción oficia como una especie de transecta, la que no hace más que cruzar de punta a punta lo que la placa en sí quiso transmitir a través de los sonidos. Lo tiene todo, sube, sube más y baja cuando la situación amerita, con un doble bombo que acompaña a modo relajado, notas de guitarras filosas y melódicas, un Cristian Rodríguez que nunca para de gritar como todos lo conocemos, un bajo incesante, súper bien logrado y guitarras ensambladísimas.  Repartan porotos también entre Franky, Seba, Fede y Germán, claro, hay para todos.

Arranqué recordando cosas en esta reseña y también recuerdo ahora que AVERNAL fue una banda que no la pasó bien en algún momento hace no tanto tiempo atrás, de hecho hasta quizás pensaron en largar todo a la miércoles. El tenor que poseen musicalmente hizo de que la banda se rearme, reclute a dos miembros que tenían también trabajo en otras y armaron un lindo team. No se si sonará muy poco decoroso para cerrar este escrito, pero toda banda persigue una “Quimera” en un estudio de grabación. No se tampoco si ellos sentirán lo mismo, pero que la persiguieron…la persiguieron. Me encontré con un lindo disco, no sólo presentado adecuadamente desde el punto de vista sonoro (llamado para Jesse Gander y el mismísimo Barrionuevo) sino que también lo dieron a conocer con un lindo arte de tapa (llamado para Caruso, este no vende humo) y diseño interior, y por sobre todo un disco al que tanto vos como yo no lo tomaremos como uno más en la historia de la banda, al contrario, creo que todos terminaremos entendiendo que será un escalón más para que en algún momento la “La Quimera sea Perfecta”.

Contacto con la banda acá.

Texto: Hernán Mazón

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