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ALCEST en vivo en ARGENTINA: “Un viaje de ida, con melodías de vuelta “
The Roxy Live, 08.09.2014

Un viaje de ida, con melodías de vuelta 

Hay bandas que posiblemente nunca hubieses imaginado pisen suelo Argentino, bueno, una de ellas seguramente es ALCEST. Probablemente el desembarco en el continente Sudamericano de los franceses, se dio en primer instancia gracias al esfuerzo de los distintos productores, quienes, en algunos casos se juegan a traer bandas poco convencionales/comerciales. Pero por otro lado, será insoslayable destacar que la frutilla del postre se la llevaron las miles de personas que seguramente los vieron durante esta gira, apoyando esta moción. Argentina, no fue la excepción a la regla, ya que la realidad indicó cientos de almas dijeron presentes en una noche de lunes en The Roxy Live, colmando casi por completo su planta baja.

Y qué se traerían bajo el brazo estos muchachos? No lo sabíamos, aunque en cierta medida sí, gracias a este mundo “cibernetizado” que todo lo puede y anticipa. Convengamos que estamos ante una banda moderna, que si bien inicialmente arrancaron como un grupo de black metal tradicional, con el transcurrir del tiempo, dieron un viraje más que importante para convertirse en una de las bandas más representativas del Shoagaze. Te preguntarás, ¿qué implica ese término? Bueno, te cuento, no es ni más ni menos que la manera en la que se hacían llamar las bandas alternativas en el Reino Unido allá por la década del ’80. ¿Brusco cambio no? Ojo, tampoco estamos hablando de que la banda suena como una banda pop, al contrario. Se presentan como una banda que ha evolucionado con el correr del tiempo, pero que siguen teniendo entre sus bases distorsionadas aguerridos síntomas “blacker’s”.

Así es señores que siendo las 21.00 hs del día en cuestión la cálida intro “Wings” nos depositaría en un viaje de introspección para recorrer parte de la trayectoria de la banda. Ahora bien, la banda se presenta en formato convencional, dos guitarras, bajo, batería y voz. ¿Por qué digo esto? Bueno, si sos seguidor de la banda sabrás el porque. En sus inicios Neige (guitarra y voz) tocaba la batería, bajo, guitarras, teclados/sintetizadores, o sea, todo lo que se te ocurra. Hoy en día lo acompañan Winterhalter en batería, Zero en guitarras y voces/coros e Indria en bajo. A pesar de esto, se presenta como el máximo compositor y todo lo que haga ALCEST depende de él, como lo vivenciado en cierta medida el pasado 8 de septiembre. A la intro citada la siguió su compañera de disco “Opale”, ambas de su más reciente trabajo“Shelter”. Casi sin ceder segundos, ejecutaron una cálida versión de “Summer’s glory” donde la banda dejó impreso, en cierta medida, su sello moderno alternándolo con música casi de meditación les diría.

Casi por decantación llegaron los agradecimientos de Neige para con el público presente como así también los gestos de retribución de sus seguidores más acérrimos, quienes se hicieron tiempo para arrojarle sobre el escenario una bandera Argentina con las inscripciones de la banda. Ahora sí, si hay algo que destaco es la pasividad, y potencia a la vez, con la que la banda se desenvuelve. Y quizás que no sea la potencia propia que puede tener una banda de thrash claro esta, pero sí de una banda de importante matiz “doom” que ilustra caminos de nostalgia, belleza y espiritualidad. Esto es, en definitiva, lo que trasciende durante todo el show. Un líder que se planta frente al micrófono, que por momentos le da la espalda al público, y que a la vez, se encuentra atento a las miradas de cada uno de sus seguidores, haciéndoles gestos de agradecimiento con una leve sonrisa que no se le borra nunca, pero con paz, mucha paz. No faltó la chance de que lleguen los clásicos “Olé, olé, olé, ALCEST….ALCEST” como así también la cuota de comedia por parte de de Neige, quién se tomó el tiempo suficiente para responder ante tal moción diciendo: “¿Esa es una canción de fútbol no?” (risas). Y en esta primer visita, la banda trató de recorrer toda su discografía, pero dejando de lado su faceta más extrema como la de ediciones como de “Tristesse hivernale”. Al parecer poco importó esto, ya que con la llegada de canciones como Là où naissent les couleurs nouvelles, la banda plasmó parte de su faceta black. Temas largos, claro está, pero que dejan mucho. Invitan permanentemente al espectador a realizar viajes de introspección, y porque no, de auto replanteos personificados a través de sonidos que son difíciles de explicar en un escrito como este, hay que vivirlos.

L’eveil des muses como varias otras quizás mimeticen a la banda con pares como ANATHEMA, pero que, a diferencia de estos, los espacios acá tardan en llenarse y por sobre todo no hay tanto rock, esto es más de experiencias oníricas. Tampoco Mr. Neige dejó pasar la chance de agradecer en repetidas oportunidades acerca de su llegada al país contando de lo felices que están al respecto, y ¿saben qué? me parece bien, lo tienen merecido. No es justamente una banda ostentosa, de esas que podemos predecir que viven 100% de esto, quizás sean pibes como nosotros, que hacen esto por pasión y a la vez les llegan sus mangos por retribución, pero no más que eso. Convengamos también que siendo una banda joven, y conformada por jóvenes, seguramente tienen mucho por dar todavía, como lo hacen al ejecutar canciones como “Autre temps”. Hubo momentos en los que Zero se acopló muy bien a los coros, hasta casi en algún momento liderando las voces en varios pasajes del set. El sonido que acompañó siempre fue bueno, por momentos las voces se perdían desde el fondo del recinto, pero quizás adrede, era lo que la banda proponía, y si faltaba fuerza por un lado, se resarcía la cosa por otro, como por ejemplo al ejecutar canciones como “Voix sereines” o “Les iris” de fuerte impronta de la vieja guardia black.

Y si algo llamaba la atención al analizar el público, era cuan compenetrados estaban ante lo que se vivenciaba.Y arribo a esta conclusión, ya que no estábamos en presencia de un recital que llegue a manifestarnos en contra de nuestra voluntad movimientos clásicos de headbanging, pero que estos estuvieron presentes, estuvieron, y eso le dio otro gusto a la noche. Ver cientos de cabelleras marcando el compás de cada canción, hizo la diferencia, determinando que la pasión que puede correr por la sangre de un fan, es totalmente independiente de la velocidad de ejecución. “Souvenirs d’un autre monde” fue congruente con esto por ejemplo, al igual que canciones como Sur l’océan couleur de fer. Para el cierre si se guardaron algo del repertorio más pesado de los últimos tiempos, como Percées de lumière” donde definitivamente aparecieron las voces guturales ásperas y rasposas de la vieja época, bajo el acompañamiento de un doble bombo que al oírlo tranquilamente nos transportaba al año donde la banda dio sus primeros pasos.

Para los bises llegó “Délivrance”, de su más reciente producción, para ser ejecutada con la paz que la noche guió y ameritó. Luces cálidas, humo…mucho humo y sonidos provenientes del más allá, para que la gente explote de efusividad a pesar de la tranquilidad musical transmitida. No hubo muchas más palabras para agregar, y de a uno, los músicos se empezaban a retirar hasta dejar a Neige en completa soledad, de espaldas al público, enfrentado a una luz naranja, que iluminaba todo su cuerpo y a nosotros, los presentes, acompañándolo desde el fondo para dar cierre a una noche mágica y ancestral. Sin límites de por medio, fue una hora y media de superación de expectativas, dejando a un recinto con un sonido volando en al aire, para que nos retiremos en paz, con tranquilidad, asumiendo que a veces, la música llega a lugares inhóspitos, como todo lo anterior dicho, que a veces con palabras es difícil de explicar.

 Texto: Hernán Mazón

Fotos: Estanislao Aimar






























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